El mayor espectáculo del mundo

Llevamos dos semanas de puro espectáculo y por nuestro salón siguen desfilando verdaderos héroes. La cita olímpica, una vez más, nos seduce de forma casi hipnótica. Y es que la competición por antonomasia ya nos ha dejado momentos estelares que quedarán grabados en nuestra memoria. Todavía nos quedan las finales de los deportes colectivos, la recta final del atletismo o la estética e insinuosa gimnasia rítmica.

Reconozco que ver competir me encanta, me emociona, incluso a veces me sobrepasa. No es de extrañar que nos emocionemos viendo competir a nuestros deportistas, pero no soy la única que se emboba viendo por televisión un partido de hockey entre belgas y argentinos o que disfruta viendo piragüismo, judo o remo. Ese es el magnetismo de los Juegos Olímpicos.

Las Olimpiadas son mágicas porque democratizan el deporte. Todas las disciplinas lucen, maravillan y tienen su momento estelar. Durante quince días, estrellas mediáticas como Bolt, Phelps o Bryan comparten audiencia con otros fantásticos atletas anónimos. Quizá sean estos últimos los que más nos maravillen, no los conocemos pero si llaman poderosamente nuestra atención. Somos muchos los que cada cuatro años descubrimos nuevos deportes, nuevas reglas, nuevas estrategias, nuevos esfuerzos y renovamos nuestros sentimientos de admiración por quienes luchan por el metal olímpico desde la más absoluta oscuridad.

Y es ahí donde quiero poner el acento. Puede ser esa la lección que debe aprender el deporte de nuestro país. No pretendo hacer juicios de valor, no soy quien para hacerlo, además tanto las derrotas como las victorias se debe analizar desde dentro y sobre todo desde su contexto. Opinar es fácil. No obstante la pregunta debe andar estos días revoloteando por la sede española de la villa olímpica ¿Es casualidad que el deporte que cuenta con más apoyo y que todos seguimos fervientemente no haya sido capaz de ganar ni un partido mientras que, por ejemplo, las chicas del waterpolo femenino en su primera participación en una cita olímpica hayan llegado a la final? Sin querer ser injusta con el fútbol, del que soy aficionada y del que no hace falta destacar los recientes éxitos conseguidos, sí creo que algo se debe estar haciendo mal desde arriba. Más apoyo a deportes menos conocidos sería beneficioso para todos. ¿Para cuándo competiciones de natación, volei playa, esgrima o taekwondo televisadas con la cobertura que requieren?

De todos modos nos quedan tres días por delante para disfrutar. Nuestro medallero no anda rebosante, lejos están los 20 metales de Barcelona. No importa. La experiencia quedará tatuada para siempre en todos los deportistas, ya vuelvan a casa con medalla, con diploma, últimos, primeros, con marca personal o con el reto de conseguir su meta en Brasil. Todos ellos podrán contar a sus hijos la experiencia de competir en Londres 2012. Nosotros, mientras, seguimos atónitos frente al televisor guardando momentos que también, sin duda, contaremos a los que están por llegar.

Video “Los Juegos Olímpicos de nuestra vida” de Carlos del Amor RTVE.

 

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