Benasque, un lugar con alma de paraíso

Hace tiempo que comprendí aquello de que la objetividad no existe. Que esta reflexión vaya por delante. Puedes transmitir, contar o  describir pero siempre previo paso por el filtro de tus impresiones y experiencias, de todo lo que no se escapa a los sentidos. No puedes evitar caer en la trampa de compartir lo vivido siempre bajo tu particular perspectiva. Todo pasa por el filtro personal de cada uno de nosotros y una vez interiorizado lo exponemos a los demás. Yo hoy expongo una de mis “objetividades”. El paraíso no está lejos, el paraíso está en Benasque.

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No recuerdo la primera vez que estuve allí, pero sé que desde el primer momento en el que pisas el Valle su aroma inconfundible se queda grabado en alguna parte de tu cerebro. Pronto se convierte en algo adictivo. Recientemente he vuelto a vivir esa sensación. Muchos ya la conocéis: la vista capta las inmensas paredes de montañas, el olfato se embriaga del olor a tierra mojada y a verde, el oído se pierde con el sonido del eco entre montañas y la fuerza de las cascadas de agua, por último el tacto palpa lo rugoso de la piedra y la pizarra. Todo ello con el envolvente espíritu que sólo se encuentran en un sito como este. Cuando llegas te preguntas: “¿Cómo he podido tardar tanto en volver?”.

Disfrutar de unos días en Benasque significa poder desconectar de todo. A quien le gusta la montaña, lo rustico, calzarse las botas y salir a descubrir rincones nuevos que capturar con una cámara de fotos o practicar deportes como el esquí, la escalada, el senderismo o el ciclismo está ante el lugar idóneo. Sin embargo todo aquel que quiere conocer un lugar tranquilo, descubrir un capítulo nuevo de la historia, conocer nuevos modelos arquitectónicos, disfrutar del ambiente familiar o degustar una gastronomía tan natural y exquisita como el entorno también se siente a gusto desde el primer momento.

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Perderte por sus calles estrechas es muy agradable, sólo se necesita ir bien abrigado ya que puedes girar una esquina y recibir una bocanada de un viento tan gélido que te deja totalmente inmóvil. Puedes descubrir la Casa de los Condes de Ribagorzaun lugar donde disfrutar de interesantes exposiciones o conferencias. También puedes visitar su Iglesia Románica del siglo XII, contemplar el paso del Río Ésera o disfrutar de alguno de los rincones de las más de 33.000 hectáreas del Parque Natural Posest-Maladeta, un Parque que ofrece infinitas posibilidades de actividades para todos los gustos y estaciones del año.

Pero quizá la clave del éxito de Benasque pasa por el carácter de sus habitantes. La hospitalidad no viene disfrazada, es natural como todo lo que allí te rodea. La gente es sosegada, alegre y abierta a todos sus visitantes. Se muestran cariñosos con la gente que aprende a querer sus montañas.

Y como prueba de ello puedo transmitir mi propia experiencia. La calidez de todo el personal de los Hoteles Valero es el mejor ejemplo de la marca Benasque. En todos sus establecimientos la hospitalidad es el sello de la casa, una casa en la que por suerte más de unos cuantos tenemos el placer alojarnos desde hace muchos años. Nada ofrece más garantía que un servicio profesional y amable que te hace sentir como en casa y en familia.  Aunque claro, ya me gustaría tener aquellas vistas ahora que miro desde mi ventana. Tengo que volver.

Benasque Aneto

 

Fotografías  insta Estheruky505

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