Aquel Guardiola, este Guardiola, el verdadero Guardiola

Pep anunció que se marcha, que está  vacío, que necesita llenarse.  Sus palabras parecían tener eco o el efecto que se utiliza cuando habla Dios en una de esas pelis de bajo presupuesto. La confirmación en primera persona del adiós rompió uno de esos silencios cortantes que hacen que hasta tú, que no eres culé ni por asomo, dudes de si acabas de entrar en una cadena de desgracias que a saber a dónde te va a llevar. Debe ser esa la influencia del “patiment” heredada de vivir rodeada de culés….

Sin embargo y ante un Rosell en el papel del niño bueno que le han dejado sin regalo, ante la imagen del bueno de Zubizarreta inyectando valores a la palabra continuidad y delante de la angustia de los periodistas de la casa  resignados al comprobar cómo su líder espiritual se evapora, el protagonista comunicaba su adiós de forma sencilla, plana, como un murmullo. Era como si estuviese recitando uno de esos poemas de Martí i Pol o como si tararease una melodía de “su” Lluís Llach. Se ponía en ese segundo plano que parece que ansía desde el otoño, con ese estilo tan suyo de gentleman de traje impecable, recién planchado y a medida.

Entiendo a Guardiola y su melodía exquisita. Sus cuatro años desde la perspectiva blaugrana son idílicos. Ha ganado 13 títulos con fútbol-espectáculo, trabajo, humildad, esfuerzo y  todo ello con Coldplay y su Viva la Vida como banda sonora. Punto y final. ¿Pero por qué se va? ¿Está vacío y necesita llenarse? o ¿está lleno de su “personaje modélico” y necesita vaciarse?

Guardiola necesita volver a ser Guardiola. No cabe duda que su estrategia de esmoquin le ha dado como resultado el mejor equipo de la historia. Pero esa idea de paraíso futbolístico ya no la puede apuntalar ni un minuto más. Tomar decisiones drásticas como eliminar a Ronaldinho, Deco y Eto’o con sutileza y estilo, no es lo mismo que cuatro años después hacer ver a Xavi y Puyol que van a jugar el 50% de la temporada. Decirle a Piqué que como culé no le gana nadie pero que a desconectarse se vaya a otro club, tampoco. Ocultar su pasión en otro cara a cara como con Ibrahimovic o Bojan, sin una voz más alta que otra, se antoja complicado para el inmaculado Guardiola. Quizá sea algo menos costoso para otros entrenadores galácticos, rudos, de los de chándal. Pero para Guardiola y su estilo impecable, se acabó.

El Requiem de los medios y el papel de Messi

Otro aspecto destacable de estos días es el cariz que le están dando los medios de comunicación catalanes a la noticia. La marcha de Pep, gira en torno a imágenes en blanco y negro, música melancólica y frases a modo de epitafio. El propio Guardiola en la rueda de prensa previa al partido contra el Rayo Vallecano y ante el tono de las preguntas espetó “Que no me he muerto”. Quizá se echa de menos ese mismo agradecimiento pero con la alegría de saber que has visto a tu equipo hacer el mejor fútbol que se recuerde. Y eso para los que no somos barcelonistas cuesta entender que sea bajo un aura de tristeza.

Finalmente incido en el papel de Leo Messi. A nadie, se le escapa que es el mejor jugador del mundo. De eso no hay duda. Donde sí hay debate es en el hecho de saber si tiene la personalidad de líder fuera del terreno de juego. Quizá apoyar al técnico en su despedida en persona y no a traves de una red social lo hubiese refrendado como tal. Su timidez nos ayuda a entenderlo pero no ha justificarlo.

 

 

 

 

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